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El Escorial y la habitación donde murió “el rey prudente”

Descubrir el monasterio de San Lorenzo de El Escorial es una de las mejores maneras de acercarse a la historia de España, pues en este lugar quedó la que seguramente sea la mayor huella del importante reinado de Felipe II. Situado a más de 1 000 metros de altitud en la vertiente madrileña de la sierra de Guadarrama, este monumento real fue declarado Patrimonio de la Humanidad en noviembre de 1984. Tras explorar de manera general su inmensidad, y no es tarea sencilla por los muchos rincones que tiene para perderse, hay que ir centrándose, poco a poco, en esos detalles que engrandecen el conjunto. Por ejemplo, la habitación en la que descansó, oró y, finalmente, murió el monarca.

El ojito derecho de Felipe II

Felipe II, nacido en mayo de 1527, se encargó personalmente de supervisar las obras del monasterio. En su fundación influyó enormemente la figura de su padre, Carlos V, que pasó sus últimos meses entre los monjes jerónimos en un pequeño cenobio de Extremadura. En manos de la orden de San Jerónimo quedó también el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, cuya iglesia debía servir como panteón de la familia real.

Este espacio, de 33 327 metros cuadrados, cuenta además con un palacio donde el rey y su séquito pasaban sus jornadas de descanso. También presume de tener un colegio, un seminario y una gran biblioteca. El conjunto comenzó a construirse en 1562, colocándose la última piedra en 1584, aunque la basílica no se consagraría hasta 1595. Tampoco las tareas decorativas concluyeron entonces, pero San Lorenzo de El Escorial ya podía presumir de ser uno de los conjuntos reales más imponentes del continente. A esto además ayudaba que estuviera situado como estaba, en un paraje único, en plena sierra y con el bosque de La Herrería como espacio natural propio.

La habitación del rey

De ese gran espacio a uno reducidísimo, pero de curiosidad infinita: el Cuarto del Rey, situado en el palacio de los Austrias, junto a las restantes alcobas reales. Estas se construyeron en dos pisos, alrededor del presbiterio de la iglesia, en torno a un patio interior conocido como patio de Mascarones. La familia real ocupó estas dependencias el tiempo que visitaba el lugar, pero nadie las dio mayor uso que Felipe II. Esta habitación es una de las estancias más interesantes de la visita al monumento.

La habitación del monarca fue dividida en cuatro piezas: la sala principal, la alcoba, el escritorio y el oratorio, siguiendo el mismo esquema que implantó su padre en su monasterio particular. De esta habitación destaca, por encima de cualquier otro elemento, la cama del monarca. En primer lugar, porque es la misma en la que falleció, un sábado de septiembre de 1598. En segundo lugar, porque estaba dispuesta de tal manera que Felipe II pudiera seguir la liturgia desde el lecho, contemplando el altar mayor de la iglesia.

La decoración de los cuartos reales, que eran habitaciones amplias y llenas de luz, era muy austera. A día de hoy no puede disfrutarse de la original, pero sí transmite la esencia que quiso otorgar Felipe II a esta construcción. Ese carácter sobrio que encajaba bien con una fe sobradamente demostrada en la distribución de su habitación, siempre en conexión con la parte sagrada de este monumento llamado San Lorenzo de El Escorial.

 

Créditos imagen: Donvictorio©Shutterstock