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La Casa de Hippolytus, donde estudiaban los jóvenes de Complutum

 

Hay espacios cuyos nombres llevan a error. No en vano, cualquiera que escuche que un milenario monumento se llama “Casa de Hippolytus” seguramente piense que en el mismo se encuentra una vivienda de un romano llamado, claro, Hippolytus. Nada más lejos de la realidad. Estos restos, situados en las afueras de Alcalá de Henares, fueron en realidad un colegio de la antigua Roma. Un lugar donde los jóvenes se reunían, eran formados o jugaban. Hoy en día quien pulula por allí son investigadores y curiosos que se acercan a contemplar uno de los yacimientos romanos más importantes del centro peninsular gracias sobre todo al excepcional mosaico de los peces.

Un lugar de recreo para los jóvenes complutenses
Resulta curioso que la finalidad de este espacio romano sea en buena medida la misma que la del mayor orgullo de Alcalá, su universidad. En ambos casos, se trata de espacios formativos. No obstante, los alumnos de la Casa de Hippolytus eran muy distintos a los que hoy caminan por las aulas universitarias. Se considera que se trataba de hijos de la nobleza local los que acudían a este edificio allá por finales del siglo III d.C. o comienzos del IV.

La época no era excesivamente buena para el Imperio Romano, que se vio inmerso continuamente en guerras civiles y asaltos bárbaros. Sin embargo, la escuela complutense era un espacio de paz. Según los estudios, las enseñanzas abarcaban elementos no solo de educación formal, sino también religiosos. Al tiempo, se cree que también se llevaban a cabo actividades lúdicas.

La construcción, realizada encima de otras anteriores del siglo I, contaba con distintos espacios que aportaban los servicios necesarios a los jóvenes romanos que acudían a ella desde el cercano centro urbano de Complutum. Así, destaca el complejo termal. Como era habitual, los baños combinaban zonas de agua caliente con otras frías, gracias a sistemas de canalización y calefacción. Tanto aquí como en las letrinas había decoraciones en forma de mosaicos.

En el exterior destacaba sobre todo un jardín con vegetación procedente seguramente del norte de África o de la zona más oriental del Mediterráneo. Según indica la web del yacimiento, en la Casa de Hippolytus hubo fauna variopinta y traída de fuera de Hispania, como por ejemplo pelícanos. Otros espacios que completan esta parte externa eran un mausoleo, del que se hablará más adelante, o un santuario dedicado a Diana, la virginal diosa de la caza romana y equivalente de la griega Artemisa.

La razón de que la casa de Hippolytus se llame así
Sin embargo, nada de lo mencionado hasta ahora hace referencia a aquel que da nombre a este yacimiento. Para encontrar el porqué de la denominación hay que acudir al mayor tesoro patrimonial de la casa de Hippolytus, el conocido como mosaico de los peces. Se trata de una obra de gran tamaño que ocupaba parte de la sala central. Esta estancia se correspondía con el frigidarium de las termas, el espacio de las piscinas de agua fría.

Representa una escena de pesca, en la que tres infantes van en una barca y se ven rodeados de criaturas marinas. Son decenas de ellos y se cree que la intención de las detalladas representaciones era didáctica.

Tan bien conservado está el mosaico de los peces que puede verse en él la firma de su autor. En una inscripción se señala que el mismo fue Hippolytus, un musivario o artista de los mosaicos. Él fue el que le acabaría dando el nombre al complejo y no quienes les contrataron y financiaron el lugar, aunque se sepa quienes fueron. Se trata de la familia de los Anios. Ellos fueron los complutenses que impulsaron a la que es una de las muy pocas escuelas de jóvenes descubiertas en lo que fuera la Hispania romana.