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El Matadero de Madrid, un espacio en el que vivir la cultura

 

A veces, entrar al Matadero de Madrid desubica. Incluso hay quien necesitaría un mapa para orientarse a lo largo de sus pequeñas calles porque el Matadero, en efecto, tiene pequeñas vías y también una plaza. Y 17 naves, ni más ni menos. 17 naves que cada año, cada mes e incluso cada semana acogen una actividad cultural diferente. Porque el Matadero se halla siempre en continuo cambio, en continuo movimiento. Como si más que un lugar fuese una persona.

De la matanza del ganado al almacenaje de munición
Si en la actualidad hubiera que describir qué es el Matadero, la definición sería la siguiente: un conjunto de pabellones dedicados a la cultura. Pero antes, mucho antes de ser lo que hoy es, el Matadero de Madrid era lo que su nombre prometía: un lugar destinado a la matanza del ganado.

A lo largo del siglo XIX la ciudad de Madrid era una urbe en pleno crecimiento. Su tamaño aumentó tanto y fue tanta la gente nueva que se mudó a ella y tanta la disminución de la higiene, que se hizo necesario un matadero propio que abasteciera a la ciudad. Así nacía a principios del siglo XX la idea de construir un matadero. El arquitecto Luis Bellido diseñó entonces un complejo de 48 edificios de estilo neomudéjar que se edificó entre los años 1911 y 1924.

Desde entonces, hasta 1996, el espacio estuvo funcionando como matadero industrial, además de como mercado de ganado. Eso sí, con pequeñas variaciones. Por ejemplo, entre 1927 y 1930, Fernando de Escondrillas construyó el matadero adyacente, llamado Colonia del Pico del Pañuelo; y en 1935, se instaló el Mercado Central de Frutas y Hortalizas en el último espacio libre que quedaba en este terreno de la antigua dehesa de Arganzuela.

Asimismo, durante la Guerra Civil el Matadero de Madrid, muy cercano al frente, se convirtió en un depósito de municiones. En los años 70, las instalaciones estaban obsoletas, por lo que se iniciaron las primeras intervenciones para dotar de nuevos usos a algunos de los edificios.

Una nueva vida
Tras la clausura definitiva del matadero en 1996, se planteó la utilización del espacio para otras actividades. Así, el 26 de septiembre de 2005 se aprobó un plan arquitectónico con la intención de incrementar el uso cultural del recinto en un 75 %. En el año 2007 abría el primer espacio con estas características. Nacía un nuevo Matadero.

Desde entonces, este complejo, basado en la colaboración de entidades públicas y privadas, se ha dedicado a la experimentación cultural. Fotografía, pintura, obras de teatro, cine, baile… Prácticamente todo lo que se nos pueda ocurrir relacionado con el mundo del arte ha pasado por el Matadero de Madrid, convirtiéndose este enclave en un sitio de referencia para los madrileños.

Un mapa para guiarse por el Matadero de Madrid
¿Pero para qué sirve cada una de sus naves? ¿Cómo puede uno moverse por sus instalaciones? No es una respuesta fácil porque, como hemos dicho al principio, las actividades que se desarrollan en sus naves no paran de cambiar. Sin embargo, sí que hay edificios con funciones específicas. Vamos uno a uno.

La entrada al Matadero de Madrid, situado, por cierto, junto al Parque Madrid Río, tiene cinco accesos. Pensemos, para ubicarnos, en el que se halla junto al enorme y emblemático depósito de agua, que hace muy reconocible este espacio. El primer edificio a la izquierda es el Taller, nave polivalente dedicada a talleres, presentaciones, ensayos y un largo etc.

A su derecha, encontramos un enorme inmueble distribuido en tres salas. La primera es la única estancia del complejo dedicada a una actividad no cultural. Las salas contiguas, las naves 10 y 11, son también multiusos, abordando todo tipo de representaciones escénicas, incluidas obras de teatro de gran reconocimiento como Fariña o Prostitución. La última habitación del edificio es la que alberga la cafetería.

Exposiciones, cine y mucho más
Volviendo al punto inicial, hay a la derecha un gigantesco inmueble que alberga ocho espacios, además de un punto de información. La primera sala es la de la cantina, que se ubica junto a la Cineteca, primera sala del país dedicada casi exclusivamente al cine de no ficción. A la derecha de esta, se ubican, en este orden, la Central de Diseño, destinada a la promoción y difusión del diseño; la Extensión AVAM, espacio gestionado por los Artistas Visuales Asociados de Madrid; la conocida como Nave 0, zona de exposiciones; la taquilla del Matadero; la Nave Intermediae, espacio para la creación contemporánea coordinado por el Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid; y por último, el Auditorio Fundación Germán Sánchez Rupiérez.

En frente de esta última nave se halla la Casa del Lector, un edificio dedicado precisamente a los amantes de los libros. Y a su izquierda, situada entre este último edificio y la cafetería, está la plaza, lugar por el que pasear o en el que celebrar aún más actividades lúdicas o culturales. Nos queda el último edificio: la nave 16 o Centro de Residencias Artísticas. Este espacio pone a disposición de los ciudadanos tanto recursos económicos como herramientas para la creación artística. Puede funcionar como una enorme sala de exposiciones o dividirse hasta en tres habitaciones en las que hacer todo tipo de actividades.

El Matadero de Madrid posee ya una vida de más de 100 años, interrumpida brevemente a finales del siglo XX. Sin embargo, a principios de este siglo resurgió de sus cenizas para convertirse en una meca de la cultura madrileña, llena siempre de ambiente y obras de las que nutrirse.

 

Créditos Imagen: Matadero de Madrid © aquatarkus. Shutterstock