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Arte, naturaleza e historia: un recorrido por el paseo del Prado

 

El paseo del Prado es, valga la redundancia, uno de los paseos más estimulantes de Madrid. Esta gran vía encuentra su origen primigenio a finales del siglo XVI, cuando Madrid se declaró capital del reino en detrimento de Toledo. Bajo el reinado de Felipe II, la ciudad comenzó a adquirir buena parte del brillo que tiene hoy en día. Suya fue la idea de convertir esta zona, conocida antaño como Prado Viejo por los campos que se extendían hacia el este, en un lugar de paseo y recreo. Mandó plantar una hilera de árboles y poco a poco los monumentos que hoy en día pueden admirarse fueron cogiendo forma.

De un emperador a un dios romano
El recorrido por este paseo del Prado puede comenzar en la plaza del Emperador Carlos V, conocida popularmente como la glorieta de Atocha. No en vano, en este lugar se encuentra una de las estaciones fundamentales de la Comunidad, en funcionamiento desde 1851. Esta plaza destaca por la mucha vida social que congrega alrededor.

Avanzando hacia el norte, el Real Jardín Botánico espera entre naturaleza e historia. Lo fundó en 1755 el rey Fernando VI, en el soto de Migas Calientes, cerca del río Manzanares, pero Carlos III ordenó su trasladó casi treinta años más tarde. Por entonces, se estaba construyendo lo que, se pensaba, sería el Museo de Ciencias Naturales, que realmente acabó reconvertido en el actual Museo del Prado. En honor a este último monarca, por cierto, puede observarse la bella puerta del rey Carlos III, que mira hacia el paseo.

El mencionado Museo del Prado es uno de los principales atractivos no solo de la vía, ni tampoco solo de Madrid: del mundo del arte, en general. El Real Museo de Pintura y Escultura, como se llamó en un primer momento, abrió sus puertas en noviembre de 1819. Todavía hoy en día alberga la colección de pintura española más completa del mundo, así como numerosas exposiciones que trasladan a países, continentes y siglos diversos.

Frente al gran museo, la fuente de Neptuno completa esta primera parte del recorrido. Este monumento fue encargado a Juan Pascual de Mena, pero murió sin que pudiese completarla. Se cree que fue su discípulo, José Arias, quien se encargó de hacerlo. Sobre una base de roca emerge una carroza, con forma de concha, montada por Neptuno. De ella tiran dos hipocampos, figuras relacionadas con el dios romano. Esta obra, uno de los elementos icónicos de Madrid, quedó inaugurada en 1786.

Al amparo de la diosa Cibeles
Tras la fuente de Neptuno, el paseante sale al encuentro de uno de los acontecimientos más relevantes de la historia de la ciudad. El monumento a los Caídos por España, antes conocido como Obelisco del 2 de mayo, recuerda a todos aquellos que fallecieron el 2 de mayo de 1808 defendiendo la capital ante la invasión de las tropas de Napoleón, dando comienzo a la Guerra de la Independencia Española. Aunque en 1821 se colocase la primera piedra no fue hasta 1840 cuando finalmente pudo inaugurarse, en el mismo lugar en que el general francés Murat mandó fusilar a numerosos madrileños. Este monumento es obra del arquitecto Isidro González Velázquez. Con la llegada de la democracia se decidió que el monumento extendiera el homenaje a todos los Caídos por España en cualquier época.

Frente a este, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza demuestra que también tiene mucho que decir sobre arte. Inaugurado en 1992, su colección consta de las obras que durante siete décadas reunió la familia a la que debe su nombre. Más de 1000 ejemplares que van desde la Edad Media hasta finales del siglo XX, con exposiciones temporales que permiten estar aún más en contacto con la actualidad. Un imprescindible para los interesados en el mundo del arte.

También deben detenerse frente a la fuente de Apolo (o fuente de las Cuatro Estaciones), encargada por los Borbones con el objetivo de representar el espíritu ilustrado de finales del siglo XVIII. Tras más de veinte años trabajando en el monumento, finalmente se inauguró en 1802. Es una de las mejores representaciones de estilo neoclásico en España.

Antes de llegar al final del recorrido, conviene detenerse a observar la primera piedra colocada en el Banco de España, en funcionamiento desde finales del siglo XVIII. Así como el Palacio de Cibeles, actual ayuntamiento de Madrid, que se abre hacia la plaza con su preciosa fachada blanca dominando el espacio.

Pero es la fuente de Cibeles la que, al final, se llevará todas las miradas. En un principio enfrentada a la de Neptuno, a finales del siglo XIX se cambió su ubicación hasta este lugar. Además de tener una función eminentemente ornamental, la fuente de la Cibeles tuvo durante un tiempo una finalidad práctica como fuente para el suministro de los madrileños que iban a ella con sus cántaros para aprovisionarse de agua potable. En su concepción inicial trabajó el arquitecto Ventura Rodríguez, aunque no fue el único maestro que trabajó en el proyecto. Como sucede con Neptuno, es hoy uno de los símbolos de la ciudad, final de este recorrido que forma parte del Paisaje de la Luz, Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2021 y con un valor cultural e histórico incalculable.

 

Créditos Imagen: © Czuko Williams