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El Museo del Romanticismo, un sitio donde revivir el siglo XIX

 

En un edificio de la calle de San Mateo, ubicado en el barrio de Justicia y dentro de la zona de Chueca, se halla el palacio del marqués de Matallana, un antiguo edificio de trazos clasicistas. Sus instalaciones, reminiscencias del siglo XIX, acogen la colección del Museo del Romanticismo, inaugurado en 1924 por el II marqués de la Vega-Inclán. Este museo pretende dar una muestra de la corriente estética romanticista, así como acercar a los visitantes las costumbres de la época.

El romanticismo, una época de cambios

Pero para entender lo que se ve en el interior del palacio, primero se hace necesario comprender qué es el Romanticismo y de dónde viene. Por ello, hay que remontarse hasta la Europa del siglo XVIII, cuando nació una doctrina política social y económica bautizada como liberalismo, en contraposición con el conservadurismo del Antiguo Régimen. Asimismo, en este mismo periodo es cuando los historiadores fijan la fecha de inicio de la Edad Moderna y el final de la Medieval, coincidiendo con la Revolución Francesa. 

Como se ve, se estaba ante un momento de cambios. Y, por supuesto, tenía que haber un movimiento artístico que los plasmara. Este movimiento no fue otro que el romanticismo, el cual la RAE define, según su primera acepción, como el “movimiento cultural que se desarrolla en Europa desde fines del siglo XVIII y durante la primera mitad del XIX y que, en oposición al Neoclasicismo, exalta la libertad creativa, la fantasía y los sentimientos”. 

Aunque las características de este movimiento difieren según el país, sí que había algunos rasgos que eran compartidos en todas partes. Así, el romanticismo prioriza los sentimientos y emociones frente al racionalismo y los valores de la Ilustración. Es un movimiento individualista, donde predomina el culto al yo, y que se vale de la inspiración y la imaginación como fuente de conocimiento. El idealismo, las ansias de libertad, la naturaleza y la exaltación de los valores nacionales son también características compartidas. 

A España llega más tarde que a otros países europeos y, además, se queda poco tiempo, debido a la importancia que se le concede al realismo desde mediados del siglo XIX. Así, podría decirse que el romanticismo español se extiende desde la primera mitad de dicho siglo hasta los años 70 del mismo. Una de sus obras más célebres es la de José Zorrilla, Don Juan Tenorio. Destacan otros autores como José de Espronceda, Rosalía de Castro o Gustavo Adolfo Bécquer. 

La historia del Museo del Romanticismo

El germen del Museo del Romanticismo está en el año 1921, cuando la Sociedad Española de Amigos del Arte decidió organizar una exposición con dicha temática en su propia sede. Fruto de esta muestra, nace la obra Tres salas del Museo Romántico, en el que Benigno de la Vega-Inclán, II marqués de la Vega-Inclán, escribió un prólogo en el que mostraba su intención de crear un museo romántico que abarcara los años entre la Guerra de la Independencia (1808) y la de África (1860). Nacía así la idea del museo. 

En 1924, tras alquilar el palacio del marqués de Matallana, se inauguró oficialmente el museo gracias a las donaciones de Vega-Inclán. Tras la muerte del mismo, el Estado se hizo con los bienes y el inmueble hasta que en 1945 el museo volvió a abrir bajo la dirección de Mariano Rodríguez de Rivas. Se encargó de ampliar el espacio con la fundación de la biblioteca y el salón de actos, y organizó numerosos eventos artísticos.

Un viaje hasta los versos de Bécquer 

En la actualidad el museo, que ha sufrido numerosas reformas a lo largo del tiempo, cuenta con una colección de cientos de cuadros, miniaturas, muebles, estampas, dibujos y fotografías, entre otros objetos. El interior del palacio pretende emular el estilo romántico, haciendo del paseo por sus instalaciones un paseo por la estética de dicho movimiento. Tapices del periodo isabelino, retratos de Federico Madrazo y tocadores de época acercan al visitante al estilo de vida de la burguesía de entonces, simulando ser el decorado de una casa.

Así, siguiendo las directrices de las casas-museo, el edificio recrea salas y ambientes de las familias adineradas del siglo XIX. Algunas de las salas más importantes son el Salón de Baile, donde se realizaban los encuentros sociales, el Comedor o el Auditorio. El retrato de Isabel II de Madrazo, la obra Sátira del Suicidio Romántico de Leonardo Alenza o el escritorio del despacho son algunos de los artículos que el visitante no puede perderse. Todo un viaje en el tiempo en el que resuenan, de fondo, versos tan famosos como los de Bécquer: “Volverán las oscuras golondrinas/en tu balcón sus nidos a colgar”. 

 

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